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Tradicionalmente Fugaz

May 9, 2016

-Esta nueva cultura efímera y exhibicionista nos aparta muchas veces de nuestra propia esencia y  de la intimidad ineludible para subsistir. No nos admitimos hacer una pausa y elegir con calma aquello que objetivamente nos hace felices. Sin proponerlo, hemos dejado un poco rezagado lo tradicional, las costumbres familiares y lo cotidiano de la vida, que muchas veces nos llena. -

 

 

Hoy,  donde las “pantallas” con su tecnología nos seducen, la comunicación es veloz, las fotos tienen un compás fugaz y cambiante, donde es tan práctico verse a miles de kilómetros de distancia en cuestión de segundos.  En un mundo tan globalizado, compacto y superficialmente unido, es cuando en realidad más habitamos de forma individualizada.  

 

Lo diferente e incomparable, brota de forma imponente en este gran fenómeno de “personalización”. Lo moderno es eso altamente alternativo, cambiante y vanguardista. Es actual e inconstante, como lo es casi todo en este mundo que nos hemos inventado y autoimpuesto.

 

En medio de este caos  la tradición se abre paso, siendo un ritual o una costumbre invaluable que se trasmite de una generación a otra, manteniéndola como un legado y una herencia. Es algo intangible que se mantiene, que se custodia y protege, que se  trasmite exactamente como me lo han entregado. Es eso que acepta poco o nada de variación. Algo contradictorio en este mundo sin pausa.

 

En una familia numerosa como la mía, las costumbres rompen las barreras de la velocidad. En la mía, dominada en su mayoría por un matriarcado, tenemos reglas claras de tradición que han sido presentadas y trasmitidas de una generación a otra. Una de ellas es el acostumbrado vestido de bautizo, que tiene 50 años con nosotros y ha cubierto cada nuevo bebe desde ese tiempo.

 

El turno ahora era para mi hija, la menor de la cuarta generación. Yo, irreverente, cambiante, diferente, quise darle un respiro a aquel vestido delgado y agotado, ya no tan blanco, totalmente clásico, que deja entrever con orgullo su edad.  Al mismo tiempo al  hacer esa célebre pausa interior, la identidad y las emociones me conquistaban, no era cómodo decidirse, pues verlo era reconocerlo como parte de mi. Es ver a muchas generaciones atrás, es ver a mi hijo mayor, es antojarse y correr para verlo puesto en la más pequeña de la familia, mi hija.

Finalmente apliqué una teoría de moda, abrazar dos opuestos y proyectar una sola visión: unir lo tradicional con lo moderno y proponer un nuevo ritual familiar que tal vez será usado como alternativa para las futuras generaciones.

 

Resolví que para el tiempo de la ceremonia usara un vestido nuevo, largo de encaje, evocando elegancia y tradición.  Con apliques en piedras de swarovski, que proporcionaban un dulce toque de luz y modernismo con el movimiento.  Sin embargo días antes, no me pude resistir y  envolví a mi hija en el tan nombrado vestido familiar  y así junto con ella, conmemorar cincuenta años de una tradición rica en esencia e identidad familiar.

 

*Para ideas y recordatorios, escríbenos a nuestro correo instintocosmopolita@gmail.com  o al  celular 3014908745.

 

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