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Mamá 365 días

May 19, 2016

Examinando los múltiples papeles que desempeñan las mujeres, y  la eficacia con la que armonizan su existencia con la maternidad. Repaso en mi mente esas expresiones que oía pequeña: entenderás o valorarás la labor de una madre cuando tengas tus propios hijos. Y sí, antes podemos imaginarlo y concebirlo, pero objetivamente es en la vivencia que se entiende el gran sacrificio que hace cada madre por custodiar, sostener y guiar a sus hijos.

 

La maternidad es uno de esos roles prioritarios en la sociedad que no convendría delegar jamás. Es ese cariño que se da plenamente donado y sin discusión, sin casi pedir nada a cambio. Es el recuerdo de un abrazo, de cuando nos llevan al colegio por primera vez, cuando nos ayudan en medio de un trabajo escolar, cuando nos atienden en medio de la enfermedad, o cuando nos dan un consejo en la adultez. Es un amor que trasciende obstáculos, fronteras, que está disponible 24/7 y que aumenta con el pasar de los años.

 

Muchas de las que ya hemos experimentado la maternidad, nos reflejamos en el espejo de nuestra madre y ellas a su vez en las suyas. Sacamos a flote sus actitudes, su forma de ser y también la manera como ellas conciben e incorporan la estética en su vida. Mezclamos sus cualidades y desaciertos y construimos nuestro prototipo de maternidad. Aspiramos a repetir y perfeccionar algunos sucesos que apreciamos y distinguimos de ellas. Y podemos ver con claridad también lo que hemos heredado.

 

De mis abuelas heredé un temperamento aventurero y visionario, el querer ir por más y no conformarme con poco.  De ellas adquirí un espíritu emprendedor, decidido e incansable. Y también a decir verdad, la terquedad. De mi madre heredé un temperamento sanguíneo y sentimental, romántico y susceptible que se ha hecho fuerte en el recorrido. Me dejé impregnar por su pasión al hacer todo lo que se propone, la independencia a la hora de trabajar, y de decidir, el querer a veces hasta a fuerza imponer mis razones. El gusto y la elegancia para vestir por fuera de casa y el estar relajada dentro de ella. El gusto por cocinar, lo reiterativa y el escuchar muy poco.

 

Vale la pena aplaudir a cada madre que cuida y se desvela por sus hijos, que los guía a su manera, con sus grandes cualidades e ignorancias. A las que tienen hijos grandes o a las que apenas inician  la labor, a las que sacan adelante a sus hijos solas, las que trabajan diariamente dentro de la casa o por fuera, a las que han gestado vida en su vientre y a aquellas que lo gestaron en el corazón, a  las que están embarazadas y las que ya son abuelas. Felicidades a cada mujer que ha dicho ¡si estoy dispuesta! y con esto ha permitido que su vida sea replanteada por un nuevo ser.

 

Sólo me queda decir: ¡GRACIAS MAMÁ, SIEMPRE LO HAS HECHO EXCELENTE!

 

 

 

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